La factura electrónica B2B ya ha dado un paso importante en España. El Consejo de Ministros ha aprobado este 24 de marzo el real decreto que obliga al uso de facturas electrónicas entre empresas y profesionales en el marco de la Ley Crea y Crece. El escenario empieza a aclararse y el mensaje para las empresas es cada vez más claro: “conviene empezar a prepararse”
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¿Qué cambia ahora con la nueva normativa ?
Eso sí, todavía queda un paso más antes de que empiece a contar el calendario definitivo. Durante 2026 debe tramitarse la orden ministerial que concretará los aspectos técnicos de la solución pública de facturación electrónica. Ahí es donde se terminarán de definir las reglas operativas que las empresas tendrán que tener en cuenta.
Lo más importante es que se mantiene el calendario que ya conocíamos. Las empresas con una facturación anual superior a 8 millones de euros tendrán 12 meses para adaptarse. El resto de empresas y profesionales dispondrán de 24 meses. Este reparto no es nuevo, ya estaba recogido en la Ley Crea y Crece y sigue siendo la base del despliegue
Cómo prepararse para la factura electrónica B2B
Para muchas organizaciones, esto no va solo de cambiar el formato de la factura. Va de revisar cómo se emiten, cómo se reciben y cómo se gestionan internamente, además de asegurar que los sistemas puedan intercambiar información de forma correcta. Cuanto antes se revise esta parte, más fácil será adaptarse sin prisas y sin bloquear la operativa del día a día.
En otras palabras: la obligación no entra mañana, pero la cuenta atrás ya está en marcha. Y en este tipo de cambios, llegar con tiempo siempre sale mejor que correr al final. Por eso, aunque todavía quede un paso regulatorio, este es un buen momento para empezar a ordenar la casa. Revisar ahora cómo se emiten, reciben y controlan las facturas puede evitar prisas de última hora, desarrollos improvisados y problemas operativos cuando llegue el momento de adaptarse de verdad.
En AmyPro ayudamos a las empresas a aterrizar este tipo de cambios con una visión práctica: revisar el punto de partida, entender qué impacto real tendrá en sus procesos y definir un camino de adaptación claro, sin complicarlo más de la cuenta. Porque en un cambio como este, llegar con tiempo no solo reduce riesgos: también permite hacerlo mejor.


